LISBOA
Hoy os queremos hablar de Lisboa, una ciudad que suena a fado.
Hacía tiempo que le teníamos ganas a este viaje… y no nos defraudó.
Sus calles empedradas, sus cuestas imposibles, su gente y su historia hacen que quieras volver una y otra vez. Porque Lisboa no se visita, se siente.
Una ciudad que fue destruida por el terremoto de Lisboa de 1755 y que renació más hermosa y fuerte que nunca.
Esta tarjeta está pensada para turistas y puedes elegirla en función de los días que vayas a pasar en la ciudad: 24, 48 o 72 horas. ¿Es cara? Depende. Si eres de las que, como nosotras, intenta entrar en casi todos los sitios, entonces merece mucho la pena.
Incluye transporte público ilimitado, entrada gratuita a algunos museos y monumentos, y descuentos en muchos otros.
Nuestra primera parada fue la famosa Praça do Comércio, todo un símbolo de Lisboa y abierta al río Tajo.
Accedimos a la plaza pasando bajo el imponente Arco da Rua Augusta, que conecta directamente con la conocida calle que lleva el mismo nombre.
Empezamos recorriéndola sin prisa y después, subimos a su mirador, desde donde se obtiene una de las mejores panorámicas de la plaza y del río.
Después nos lanzamos a recorrer la Baixa y el Barrio Alto.
No pudimos subir en el Elevador de Santa Justa porque estaba cerrado, pero sí visitamos el Convento do Carmo, que para nosotras es un imprescindible de Lisboa.
Fue destruido en el terremoto de Lisboa de 1755 y es una auténtica pena, porque era uno de los edificios de estilo gótico más importantes de la ciudad. Aun así, sus ruinas tienen una belleza impresionante que lo convierten en un lugar único.
Recorrimos varios miradores, pero para nosotras, sin duda, los mejores fueron el Mirador de Santa Luzia, el del Castillo de San Jorge y el del Panteón Nacional.
Las vistas de Lisboa son impresionantes. Te invitan a quedarte horas contemplando una ciudad que te envuelve por su calidez y su belleza, de esas que no se olvidan fácilmente.
Hemos visitado la Sé de Lisboa, el Castillo de San Jorge, el Panteón Nacional y el Monasterio de São Vicente de Fora.
Hemos conquistado Alfama y Mouraria, y no podemos olvidarnos de Belém, su famosa torre (que en nuestro caso se encontraba cerrada) y el impresionante Monasterio de los Jerónimos, otro imprescindible si te animas a conocer esta hermosa ciudad.
Evidentemente, no podemos dejar de hablar de su gastronomía. Portugal es un país en el que, en general, se come muy bien y Lisboa no es la excepción.
Si os apetece comida italiana, os recomendamos La Tagliatella en la zona de Campo Pequeno, algo más alejada del centro.
En esa misma área también tenéis dos restaurantes de cocina portuguesa con muy buena calidad: Petisco Saloio y Luzboa . Este último fue nuestro favorito… su tiramisú es una auténtica locura. En ambos casos, os recomendamos reservar.
Pero la joya de la corona para nosotras fue un sitio muy especial. Teníamos muchas ganas de probar embutidos y quesos portugueses, y encontramos el lugar perfecto: LE 17.45 Lisboa , situado en el Barrio Alto. Es imprescindible reservar, y podéis hacerlo directamente en su web.
Su dueño nos recomendó una selección de quesos portugueses y franceses espectaculares, a los que añadimos unos embutidos de lujo. Fue el broche de oro perfecto para nuestro viaje.
Por último, os dejamos el enlace de nuestro hotel Turim Iberia Hotel , situado en la zona de Campo Pequeno. Tienen varios en la ciudad y la relación calidad-precio es excelente.
Nosotras nos vamos con la sensación de haber descubierto mucho, pero también de haber dejado cosas pendientes. Así que sí… volveremos.
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